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Sobre mi experiencia con el Yoga

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Creo que tendría unos 15 años. Clase de filosofía. De repente, el profesor nos pide escribir una experiencia reciente. Era viernes. El jueves había ido con mis padres al concierto de la sinfónica. Me encantaba dejar de jugar para eso. Sí, con 15 años todavía jugaba. Afortunadamente aún sigo haciéndolo.
Me desparramé en el papel y describí lo mejor que pude mi viaje a través de la música, mis emociones y mi pérdida de consciencia del lugar en el que me encontraba; el teatro de una ciudad de provincias. Yo pensaba que eso le pasaba a todo el mundo y que por eso iban al concierto. Es lo que tiene ver el mundo desde una misma. Hay gente que lo ve desde sus hijos, otros desde su pareja, otros no lo ven, otros de muchas formas... ¡Hay de todo! ¡Ahí está la gracia!
El caso es que me mandó leer el texto en voz alta y al terminar me dijo que era una mística y además con complejo de castración. No entendí bien lo de la castración pues el relato era de puro gozo. Me callé, creo que gruñí disconfo…

Sobre la fugacidad

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Pienso en cómo sería el mundo si fuéramos realmente conscientes de la fugacidad de nuestra vida. Si el tabú de la muerte desapareciera. Si se tuviera presente de forma natural desde que nacemos. Si supiéramos el proceso y lo que sucede cuando llegue el momento de decir adiós a este traje al que llamamos cuerpo. Qué pasaría, en definitiva, si percibiéramos a cada instante lo increíble de estar palpitando y respirando.  Creo que al acabar con la oscuridad de la muerte, daríamos más vida a la vida.
Acudiríamos más a los bosques, las montañas salvajes, la mar. Esos lugares que son más que otros fuente de inspiración. Quizás no pasaríamos tanto tiempo entre ciudades y autopistas, centros comerciales y tiendas, gimnasios y espejos.
Puede que nos arrebatáramos con mayor frecuencia ante las partículas de polvo en movimientoque advertimos a través de un rayo de sol que se cuela por la ventana en una mañana de invierno. O ante la curiosa forma que tiene el cuerpo de funcionar maravillosamente, en …

Soy

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Soy una mosca que vuela con las patas finas llenas de mierda.
Soy un hada
Soy una bruja
Soy divina, ruin, mezquina, clarividente, perdida, luz, oscuridad, comedia, drama.
Soy tú y tú y tú. Soy yo.
A veces me cuesta saber dónde está el límite, ese lugar que mi piel marca. Si me agarro lo siento. Si me duele lo siento. Si me haces el amor lo siento. Por eso lloro y me río. El límite de mi piel.
Soy un cáncer, soy la medicina, soy una secta peligrosa, soy libre, soy el fuego y la tierra, el aire, la lluvia y el éter. Soy todo y no soy nada.
¡Qué alivio!

El dibujo, un clásico de Patxi a boli

Modo avión

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Acuarela de Alicia, a punto de despegar. 
El modo avión me da paz. Saber que ni mensajes, ni correos, ni llamadas ni nada de nada me va a interrumpir me da tranquilidad. Me acerca a mí. Me siento libre. Mientras tanto leo en la cama.
Me he puesto una camiseta porque empieza a refrescar y al tener los brazos fuera para sostener el libro se me quedan fríos. Qué agradable sensación la del enganche a una novela. Luz en la pequeña mesa, gafas, fusión con los personajes. Es como cuando te comes una naranja y ella pasa a formar parte de ti. Te investiga por dentro, por tus recovecos, desde donde puede observar tu verdadera naturaleza. El libro es como la naranja.
De esa atmósfera calentita me saca tu mirada cariñosa, tu palabra dulce casi en un susurro. Te cuelas en mis sábanas y aunque quiero seguir leyendo no puedo. Te abrazo. Hogar. Mi brazo sobre tu pecho, sintiendo tu respiración y el tic tac de tu corazón enorme. Tu piel suave, tu ternura, tu silencio.…

Soy muy grande

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Diversidad de piedrinas en la playa
Qué alegría saber que puedo ser tan grande sin sentirme mal, ni pensar que estoy teniendo una crisis egoica, ni que me den ataques de grandeza. Es que soy grande de verdad, de la buena. A la vez todo ello es tan insignificante que sólo una risa, una carcajada cósmica en una diminuta mota de polvo, reflejaría una mínima parte de esa, mi grandeza. Pero qué gusto da sentirse así de grande, como una millonésima parte de un átomo. Navegar ahí, sin límites, suspendida de algo casi tan invisible como es la nada. Un cordoncito de amor que me recuerda que existo, que estoy viva y que puedo ser lo que quiera.

Amor Perruno

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Dibujín hecho en grupo con rotuladores Siempre es buen momento para enamorarse de un perro. Lo sé por experiencia. A mí me pasó por primera vez este año. No conocía el amor perruno aunque sí había conocido gente importante perro: Homer, Pini, Choni, Morris. Fue gracias a una persona a la que quiero y admiro mucho, que tiene una, bueno mejor dos, pero una fue la que me abrió el camino. Se llama Sua. Nada más verla me quedé prendada. No podía dejar de mirarla. No podía escuchar la conversación que se tejía en ese momento, ni podía hacer nada más que admirar su belleza. Era como si me entendiera de verdad. Como si descubriera mi nudo, mi locura y me transmitiera toda la paz del mundo y la compasión. Creo que me entendió mejor que yo misma, aunque mira que lo intento. Por eso no me quería separar de ella y cuando llegó la hora fue muy duro. Deseaba que de un salto decidiera dejar a su adorable compañera y se viniera conmigo. Sí, a lo loco. Yo lo deseaba en el fondo mientras ponía una mueca d…

Cambio de paradigma

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Dibujo coloreado de Diana

Un día vi en una película a un tipo que decía que lo importante es a quien quieres y lo que sientes, no si esa persona te corresponde. Tampoco si la historia va hacia delante o no. Simplemente el sentimiento que tienes dentro, ese es el regalo de la vida y nadie te lo puede quitar.

Esa frase me perturbó. Era como cambiar de paradigma. Pensar en el sentimiento y no en la posesión del objeto deseado. Ahora creo que es cierto, que es bonito pensar así. Me parece tremendamente amoroso. Desearles a aquellos que queremos lo mejor de lo mejor, porque en definitiva eso es lo que se anhela cuando se ama, o así lo siento yo. Aunque se pueda compartir la maravilla de estar viva o no. Al final la vida me enseña a cada paso lo que necesito aprender. Aunque a veces me duela. También es bello eso, sentir la muerte de cada instante y el regalo que me deja.