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Modo avión

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Acuarela de Alicia, a punto de despegar. 
El modo avión me da paz. Saber que ni mensajes, ni correos, ni llamadas ni nada de nada me va a interrumpir me da tranquilidad. Me acerca a mí. Me siento libre. Mientras tanto leo en la cama.
Me he puesto una camiseta porque empieza a refrescar y al tener los brazos fuera para sostener el libro se me quedan fríos. Qué agradable sensación la del enganche a una novela. Luz en la pequeña mesa, gafas, fusión con los personajes. Es como cuando te comes una naranja y ella pasa a formar parte de ti. Te investiga por dentro, por tus recovecos, desde donde puede observar tu verdadera naturaleza. El libro es como la naranja.
De esa atmósfera calentita me saca tu mirada cariñosa, tu palabra dulce casi en un susurro. Te cuelas en mis sábanas y aunque quiero seguir leyendo no puedo. Te abrazo. Hogar. Mi brazo sobre tu pecho, sintiendo tu respiración y el tic tac de tu corazón enorme. Tu piel suave, tu ternura, tu silencio.…

Soy muy grande

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Diversidad de piedrinas en la playa
Qué alegría saber que puedo ser tan grande sin sentirme mal, ni pensar que estoy teniendo una crisis egoica, ni que me den ataques de grandeza. Es que soy grande de verdad, de la buena. A la vez todo ello es tan insignificante que sólo una risa, una carcajada cósmica en una diminuta mota de polvo, reflejaría una mínima parte de esa, mi grandeza. Pero qué gusto da sentirse así de grande, como una millonésima parte de un átomo. Navegar ahí, sin límites, suspendida de algo casi tan invisible como es la nada. Un cordoncito de amor que me recuerda que existo, que estoy viva y que puedo ser lo que quiera.

Amor Perruno

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Dibujín hecho en grupo con rotuladores Siempre es buen momento para enamorarse de un perro. Lo sé por experiencia. A mí me pasó por primera vez este año. No conocía el amor perruno aunque sí había conocido gente importante perro: Homer, Pini, Choni, Morris. Fue gracias a una persona a la que quiero y admiro mucho, que tiene una, bueno mejor dos, pero una fue la que me abrió el camino. Se llama Sua. Nada más verla me quedé prendada. No podía dejar de mirarla. No podía escuchar la conversación que se tejía en ese momento, ni podía hacer nada más que admirar su belleza. Era como si me entendiera de verdad. Como si descubriera mi nudo, mi locura y me transmitiera toda la paz del mundo y la compasión. Creo que me entendió mejor que yo misma, aunque mira que lo intento. Por eso no me quería separar de ella y cuando llegó la hora fue muy duro. Deseaba que de un salto decidiera dejar a su adorable compañera y se viniera conmigo. Sí, a lo loco. Yo lo deseaba en el fondo mientras ponía una mueca d…

Cambio de paradigma

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Dibujo coloreado de Diana

Un día vi en una película a un tipo que decía que lo importante es a quien quieres y lo que sientes, no si esa persona te corresponde. Tampoco si la historia va hacia delante o no. Simplemente el sentimiento que tienes dentro, ese es el regalo de la vida y nadie te lo puede quitar.

Esa frase me perturbó. Era como cambiar de paradigma. Pensar en el sentimiento y no en la posesión del objeto deseado. Ahora creo que es cierto, que es bonito pensar así. Me parece tremendamente amoroso. Desearles a aquellos que queremos lo mejor de lo mejor, porque en definitiva eso es lo que se anhela cuando se ama, o así lo siento yo. Aunque se pueda compartir la maravilla de estar viva o no. Al final la vida me enseña a cada paso lo que necesito aprender. Aunque a veces me duela. También es bello eso, sentir la muerte de cada instante y el regalo que me deja.

Arriesgarse siempre tiene su recompensa

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Hay veces que creo que es necesario hacer una apuesta de confianza en la vida. Aunque cueste. Aunque suponga entrar en lugares poco cómodos y variables. Aunque nadie que nos quiera nos lo recomendaría, ni nuestra mejor amiga. Hay veces que tengo que hacer ciertas cosas por ser honesta con aquello que siento, aunque no me dé valor social ni reconocimiento, ni nada que nadie más que yo misma sepa o comprenda plenamente. Simplemente es atreverme. Una, sí. Lanzarme al acantilado de aquello que aunque oscuro y puede que emocionalmente turbulento, pueda mostrarme más sobre quién soy.  Tal vez vivir esa experiencia me dé seguridad porque he sido capaz de hacerme caso independientemente del resto del decorado. Tal vez no. Eso sí, una vez que se entra ahí hay que navegar y a veces no es fácil. Se está sola aunque se encuentren apoyos incondicionales e inevitables descubrimientos personales. Siempre hay hallazgos cuando camino. Sólo cuando me cierro a los desafíos que me plantea la vida es cuando…

Sobre las puertas y el sexo

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Me cuesta saber hacia dónde se abren las puertas. Me cuesta desde pequeña. No podría decir si habitualmente se consigue hacia un lado u otro, porque la experiencia de abrirlas,anula mi capacidad de acumular datos que impliquen una deducción lógica de lo que mayoritariamente sucede. Léase: las grandes, o las de los espacios públicos suelen ser hacia fuera o viceversa. Esta tendencia mía natural a la estadística, supongo que con el inútil afán de situarme entre el montón, en la media, en aquello denominado normalidad, no me ofrece información para este caso de las puertas. Entonces, ¿qué es lo que me sucede? La puerta es un límite para mí, una frontera que me genera mucha curiosidad, quizás en ocasiones ansiedad, puede que emoción ante la posible sorpresa o fascinación. Incluso cuando tienen escrita la dirección hacia la cual se abre, mi mente no lo comprende y mi mano empuja hacia un lado u otro, aunque sea ligeramente como en la biblioteca, para que no se me sienta. Da igual el tamaño …

Secretos

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Casi todo el mundo, cansado de fríos y nieves, desea su final. El final del invierno. Como una profecía catastrófica a mí me aterra.  Me duele que se termine, que la naturaleza despierte y yo,  ya no me pueda ocultar de ella.