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Mostrando entradas de agosto, 2014

Cuestión de práctica

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Gurutxi me lo decía. Cuando alguien deja de comportarse como venía haciendo e introduce novedades en su vida hay un entorno que lo rechaza. Aunque ese cambio para la persona esté siendo vivido como algo estupendo, genera inestabilidad. A veces pienso que no cambiamos o hacemos lo que realmente nos apetece por no molestar, por no dar explicaciones o por darlas. Depende del caso. Quizás el hecho de variar un poco el papel del acto en el que andamos, provoque modificaciones en el de los demás. A mí me ha pasado y no resulta nada gratificante. Es como si te dieran una patada donde más te duele. “Todo va bien” y de repente esa persona a la que “conoces” empieza a diferir y ¡bum! qué molesto es. Solo por medio de formulaciones simplistas normalmente despectivas, consigo juzgarla de tal forma que me permita reafirmarme en lo mío; al final yo tenía razón. En realidad me da igual cómo esté la persona, sino lo que yo realmente pienso de cómo está, que por supuesto es mal o peor que yo, eso de to…

A través del dolor y las otras

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Estaba en esa zona con forma de cueva llena de estalagmitas y estalagtitas.  Parecía un cuchillo alargado pero poco a poco se fue convirtiendo en un lugar circular, como una bolita blanca por la que me movía pero con la que no podía establecer comunicación. Mientras en el primer lugar, más amplio, conseguía un diálogo con ello, en lo pequeño era mucho más complicado e ilegible. Necesitaba ayuda y decidí encaminarme por unas escaleras que se me aparecieron a la derecha, puesto que yo estaba en la lumbar izquierda. La escalera funcionaba a la perfección pero no terminaba. Algo así como una sensación de ascensor hacia el infinito me invadió y justo al pensar en ello siento que se empieza a cimbrear, ¡menudo vértigo!. Estoy tan alta que no puedo ni intuir mi cabeza. Me agarro fuerte a la escalera pero la sensación es de bloqueo, de que no puedo ni subir ni bajar. Sin embargo desde ahí puedo ver a la otra, la de atrás. Hace mucho que la conocí mientras dibujaba sin ninguna intención seres …

Tres amigas y un akelarre

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Tres amigas en ese castro del acantilado. Estirándose de los días, bailando con sus sombras, acariciándose cada una con su particular manera de ver, sentir el mundo y la vida. Juntas en el acantilado con velas, frixuelos, galletas de choco, intenciones y deseos. Baño de luar de agosto. Luna entre nubes pero igualmente luminosa. Como en un trisquel las tres unidas. Sólo faltó el vino y el humo. Después de la fiesta

Aigua

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Esta noche reposando sobre la cama me di cuenta de la cantidad de agua que soy. Sí, ya me lo habían explicado en la escuela eso de que somos un 70% de agua y “lo sabía”, pero es diferente a ser consciente de ello por la propia experiencia, sentirlo en tus carnes. Como cuando te dicen que la sidra hay que mexiala y hasta que no se te olvida una vez, no te das cuenta de lo que sucede si no lo haces. Pues de repente sin venir a cuento, empiezo a advertir como oleadas dentro de mí. Eso sí, sin haber consumido ningún tipo de estupefaciente. Lo primero que pienso es si será debido a los baños marinos que se me han metido dentro, pero la marea de la que hablo no está en mi cabeza, está en mi cuerpo. ¡Qué curioso! voy a comprobar si hay pleamar, y si cambia cada seis horas y una más o menos cada día. Durante el espacio temporal que tengo la posibilidad de vivir mi marea interna de forma consciente, no consigo analizar demasiado profundamente toda la geometría marina, pero me da que pensar: ¿in…

Donde las gaviotas se comen los cables de tus playeros

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Los muros nunca me gustaron, esos que se crean para delimitar territorios de diferentes tipo pero básicamente de poder o de pobrezas, que acaban siendo lo mismo. En fin, el caso es que me encontraba yo construyendo uno y me sorprendí y no peor: ¡llevo varios meses haciéndolo!. Al principio no sabía muy bien lo que era, pero poco a poco me he ido dado cuenta de que era eso, un muro. Lamento que tenga esa forma y que se parezca siniestramente a los muros a los que estoy habituada. Supongo que es inevitable, eso de representar la realidad con objetos conocidos. Ay, un brillo llama mi atención y resulta que es un reflejo de una bombilla en un calderu de agua fresca para enfriar botellas de sidra, pero que a estas horas enfría botellas de tónica. Volviendo al muro, me he dado cuenta de que se trata de una frontera entre la cordura y la locura, pero claro, sinuosa, porque no es fácil por lo menos para mí, saber cuándo me encuentro en cada lugar en todo momento. En fin, un jaleo, por eso la …