Sobre la represión de la energía sexual y las fantasías inconfesables


Hace mucho tiempo, cuando era estudiante de sociología, un grupo de personas nos juntamos para hacer la simulación de una investigación de mercados dentro del marco de una asignatura con un profesor adorable, al que aún estoy agradecida. El caso es que decidimos realizar una prospección del mercado pornográfico para las mujeres. A ninguna de las mujeres que formábamos el grupo nos acababa de llenar la imaginería patética del mundo porno, que quizás vendiera mucho entre los hombres pero estaba claro que nosotras requeríamos algo más de calidad en lo que se refería a contenidos, intenciones y naturalidad del lenguaje audiovisual. Los hombres del grupo parecían menos exigentes pero en cierta forma acomodados a un subproducto que les proponía un modelo básico y efectivo. Eso sí, también eran críticos y se sentían atraídos hacia la propuesta femenina.
Una de las actividades que realizamos fue el sondeo de fantasías. Solicitábamos a las mujeres universitarias que compartieran con nosotros alguna de sus fantasías. Nos interesaban los detalles, el imaginario, la estructura y la dinámica de las mismas de cara a poder averiguar lo que les excitaba y cómo se podría emparentar con el mercado del porno. Para ello pusimos carteles de “se buscan fantasías” por los distintos edificios de la universidad, con un dibujo sugerente que insinuaba una mujer desnuda, sola y disfrutona. Además del se busca, aparecían una serie de palabras sugerentes sobre las distintas tipologías fantásticas, de cara a motivar la desinhibición en los contenidos.

Total, que muchas no recibimos pero lo que sí nos llegó fue la polémica. Por aquel entonces me resultó increíble que un hecho así trastornara tanto a la comunidad universitaria. Sé incluso que el profesor fue investigado por lo más alto de la pirámide y él mantuvo en la sombra nuestras identidades. De comedia.

Ahora, muchos años después mi mente me devuelve un viejo patrón que pensaba desterrado y que realmente provoca mucha infelicidad y amargura. Éste no es otro que el de la represión sexual de nuestras fantasías inconfensables. Esos secretos íntimos que pienso todas tenemos, o por lo menos yo tengo.

En el sueño en el que me saltó la alarma me lo estaba pasando realmente bien. Estaba dormida bajo los efectos de este comienzo primaveral. Las hojas de los árboles a punto de brotar, los pajaritos cantando y un frío tremendo que no puede con el hecho de que los días sean ya tan largos. El río del apetito sexual estaba desbordado, después de una temporada que seguía su cauce con mucha placidez. Sin saber cómo, pumba, diluvio y cambio de surco.

Pues ahí me encontraba cuando una parte de mí me atacó vorazmente. ¿Cómo te atreves? Ese camino insoldable no se puede atravesar de ninguna manera. En realidad no era para tanto pero cuando apareció con ese gesto, esa voz y sobre todo con la actitud del gran represor, me sentí apesadumbrada y avergonzada por estar en semejante situación. ¿Cómo me he metido aquí? ¿cómo salir?. Con esparadrapo de tela color carne, el más feo que había, me puse a tapar el rincón en el que me había metido pero mientras lo hacía algo sucedió. La propia historia, el mismísimo deleite libre y puro, se rebeló conjuntamente con la otra parte, la que se había quedado callada. ¡De eso nada! Ésta es mi fantasía y como tal, tengo derecho a disfrutarla a mi manera y apropiarme de este gozo, que aunque soñado, sigue siendo gozo.

La recreación en el asunto hizo que toda yo viera que no pasaba nada, que ya lo sabía hace mucho, que no se trata de materializar nada sino de vivir alegremente. Y me desperté en lo mejor, claro.

Ya despierta, comprendí lo que me estaba sucediendo y por eso lo comparto. Se acerca la primavera y no tengo la menor intención de taponar con esparadrapo de tela color carne cualquier sueño fantástico o fantasía atroz que se me ocurra. Si la controlo, dejará de ser fantástica y de tener el poder que posee. Además no podré tener esa media sonrisilla a lo largo del día mientras la cotidianeidad se apodera de mis huesos.

Pues eso.

                                                   Ejercicio de sumi-e con tinta china

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