Sobre las puertas y el sexo


Me cuesta saber hacia dónde se abren las puertas. Me cuesta desde pequeña. No podría decir si habitualmente se consigue hacia un lado u otro, porque la experiencia de abrirlas,  anula mi capacidad de acumular datos que impliquen una deducción lógica de lo que mayoritariamente sucede. Léase: las grandes, o las de los espacios públicos suelen ser hacia fuera o viceversa. Esta tendencia mía natural a la estadística, supongo que con el inútil afán de situarme entre el montón, en la media, en aquello denominado normalidad, no me ofrece información para este caso de las puertas.
Entonces, ¿qué es lo que me sucede? La puerta es un límite para mí, una frontera que me genera mucha curiosidad, quizás en ocasiones ansiedad, puede que emoción ante la posible sorpresa o fascinación.
Incluso cuando tienen escrita la dirección hacia la cual se abre, mi mente no lo comprende y mi mano empuja hacia un lado u otro, aunque sea ligeramente como en la biblioteca, para que no se me sienta. Da igual el tamaño del letrero, mi comprensión lectora queda anulada por mi mecanismo físico.
En ocasiones eso nos pasa ¿verdad? Eso de que la comprensión quede anulada por el mecanismo físico. O me pasa. Como en el sexo. 
La pérdida de control, de capacidades habituales en la cotidianeidad, de total libertad sensorial, a veces me asusta. Cuando salgo de esa espiral puede suceder que me sienta como un animal salvaje alerta, asustada, que no sabe muy bien lo que le ha pasado o que busca una guarida. Sólo a veces y por unos instantes puedo sentir su mirada. Poco a poco se va yendo y se supone que la que vuelvo soy yo. Gano confianza, todo está bien, es mi manera de gozar. Eso sí, no sé si es la habitual porque nadie me suele contar lo que le sucede en esos momentos. Ni siquiera yo, puesto que la variabilidad de sensaciones es tan amplia como la diversidad de puertas que nos encontramos en nuestras vidas. Tampoco sé bien qué es lo que ocurre, hacia dónde se tiene que abrir la puerta para que eso suceda. Alguna mecánica celeste se introduce en mi sistema físico. El consecuente atontamiento cerebral, como he dicho, me impide darle una explicación lógica a la cuestión.
Eso sí, me encanta el empuje y variable choque que se produce entre la puerta y el quicio para poder averiguar hacia dónde se abre, el diferente sonido en función del material, la variabilidad de situaciones, de formas...
Bueno, y luego está la opción de salir por la ventana.
                                       Jornada de puertas abiertas

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