Arriesgarse siempre tiene su recompensa


Hay veces que creo que es necesario hacer una apuesta de confianza en la vida. Aunque cueste. Aunque suponga entrar en lugares poco cómodos y variables. Aunque nadie que nos quiera nos lo recomendaría, ni nuestra mejor amiga.
Hay veces que tengo que hacer ciertas cosas por ser honesta con aquello que siento, aunque no me dé valor social ni reconocimiento, ni nada que nadie más que yo misma sepa o comprenda plenamente. Simplemente es atreverme. Una, sí. Lanzarme al acantilado de aquello que aunque oscuro y puede que emocionalmente turbulento, pueda mostrarme más sobre quién soy. 
Tal vez vivir esa experiencia me dé seguridad porque he sido capaz de hacerme caso independientemente del resto del decorado. Tal vez no.
Eso sí, una vez que se entra ahí hay que navegar y a veces no es fácil. Se está sola aunque se encuentren apoyos incondicionales e inevitables descubrimientos personales. Siempre hay hallazgos cuando camino. Sólo cuando me cierro a los desafíos que me plantea la vida es cuando me hago más daño. Daño del de verdad, del que crea rencor, impotencia, reproches, falta de confianza y tristeza.
Por eso me siento orgullosa de mí estos días. He atravesado una laguna en una barca inestable y me siento bien, contenta, admirada y sobre todo agradecida.
Arriesgarse siempre tiene su recompensa. Eso sí, hay que saber verla y pagar el precio que ello conlleva.

                                   Esta foto me recuerda a las imágenes de los sueños

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