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Mostrando entradas de octubre, 2018

Modo avión

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Acuarela de Alicia, a punto de despegar. 
El modo avión me da paz. Saber que ni mensajes, ni correos, ni llamadas ni nada de nada me va a interrumpir me da tranquilidad. Me acerca a mí. Me siento libre. Mientras tanto leo en la cama.
Me he puesto una camiseta porque empieza a refrescar y al tener los brazos fuera para sostener el libro se me quedan fríos. Qué agradable sensación la del enganche a una novela. Luz en la pequeña mesa, gafas, fusión con los personajes. Es como cuando te comes una naranja y ella pasa a formar parte de ti. Te investiga por dentro, por tus recovecos, desde donde puede observar tu verdadera naturaleza. El libro es como la naranja.
De esa atmósfera calentita me saca tu mirada cariñosa, tu palabra dulce casi en un susurro. Te cuelas en mis sábanas y aunque quiero seguir leyendo no puedo. Te abrazo. Hogar. Mi brazo sobre tu pecho, sintiendo tu respiración y el tic tac de tu corazón enorme. Tu piel suave, tu ternura, tu silencio.…

Soy muy grande

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Diversidad de piedrinas en la playa
Qué alegría saber que puedo ser tan grande sin sentirme mal, ni pensar que estoy teniendo una crisis egoica, ni que me den ataques de grandeza. Es que soy grande de verdad, de la buena. A la vez todo ello es tan insignificante que sólo una risa, una carcajada cósmica en una diminuta mota de polvo, reflejaría una mínima parte de esa, mi grandeza. Pero qué gusto da sentirse así de grande, como una millonésima parte de un átomo. Navegar ahí, sin límites, suspendida de algo casi tan invisible como es la nada. Un cordoncito de amor que me recuerda que existo, que estoy viva y que puedo ser lo que quiera.