Modo avión




                                    Acuarela de Alicia, a punto de despegar. 

El modo avión me da paz. Saber que ni mensajes, ni correos, ni llamadas ni nada de nada me va a interrumpir me da tranquilidad. Me acerca a mí. Me siento libre. Mientras tanto leo en la cama.

Me he puesto una camiseta porque empieza a refrescar y al tener los brazos fuera para sostener el libro se me quedan fríos. Qué agradable sensación la del enganche a una novela. Luz en la pequeña mesa, gafas, fusión con los personajes. Es como cuando te comes una naranja y ella pasa a formar parte de ti. Te investiga por dentro, por tus recovecos, desde donde puede observar tu verdadera naturaleza. El libro es como la naranja.

De esa atmósfera calentita me saca tu mirada cariñosa, tu palabra dulce casi en un susurro. Te cuelas en mis sábanas y aunque quiero seguir leyendo no puedo. Te abrazo. Hogar. Mi brazo sobre tu pecho, sintiendo tu respiración y el tic tac de tu corazón enorme. Tu piel suave, tu ternura, tu silencio. Me acurruco y reposo lentamente como una barca que sin rumbo navega y de repente toca una isla, la tuya. Me bajo y me tumbo encima de toda esa tierra fértil y sabia. Silencio. El amor necesita silencio. También palabras, para cocinar el silencio.

Antes de saltar por una montaña de arena que me permite volar como bien sé, antes de llegar al agua y volver a encontrarte, pienso en que mañana compraré la dichosa aguja que se nos ha roto y podré escuchar vinilos contigo. Gerra de DJ: Bicho bola vs luciérnaga.

El otoño ha llegado.

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